PRÓLOGO
Cuando
se emprende una tarea de investigación y crítica ayuda al ánimo que el asunto
tratado sea de reconfortante interés para el autor. Cuando esto no sucede así,
el trabajo se convierte, no en una carga, sino
en un auténtico reto para el productor del mismo, así que el ánimo se ve
inundado de muchas ganas y espíritu de superación.
Ese
último es mi caso en la crítica de La
lengua de las mariposas, donde tanto la tarea de investigación como la
crítica en si misma resultan en un principio muy densas, se hacen pesadas, pero
cuando el trabajo avanza reconforta en tal grado el alma que te mete de lleno y
con mucha ilusión en la labor, pues me convertiré en una creadora con este
trabajo, ¡seré una artista! Mas he de decir que no prometo un buen resultado,
pues, en mi caso, la inexperiencia en este tipo de tarea es total; sin embargo,
las ganas de superación y la ilusión sobran, no así como el tiempo. Aunque le
hubiera dedicado a esta labor meses y meses, necesitaría más horas, más días,
más meses, incluso años de un estudio intenso y completo del autor, sus ideas y
cultura, su obra...
Y
aunque en un principio me resulte complicado, la elección entre las dos
propuestas posibles se hizo fácil: la poesía es una tarea dura para mí y el
guionista de la adaptación cinematográfica del cuento de Manuel Rivas murió el
24 de marzo de este año, así que pensé en convertir esta tarea personal en una
especie de homenaje a tan grande creador desde mi humilde figura. Espero ser capaz
de crear un tesoro y que los lectores lo guarden, sí, pero no en una isla, sino
en el corazón.
LA LENGUA DE LAS
MARIPOSAS
La
crítica ha defendido la naturaleza de cuento
en La lengua de las mariposas,
pero no en su sentido tradicional, donde su principal rasgo es la oralidad.
Fijémonos en la definición que nos da Estébanez Calderon del cuento:
Relato
breve, oral o escrito, en el que se narra una historia de ficción (fantástica o
verosímil) con un reducido número de personajes y una intriga poco desarrollada
que se encamina rápidamente hacia su clímax y el desenlace final. Se ha dicho
que el cuento se distingue “por su brevedad, la tendencia a la unidad (de
lugar, tiempo, acción, personajes); la concentración en algún elemento
dominante que produzca un efecto único (con frecuencia un objeto-símbolo o una
palabra clave); y la suficiente capacidad para excitar desde un principio la
atención del lector y sostenerla hasta el fin.
Y,
en mi opinión, para entender y distinguir tipos de cuentos la idea clave es la
que nos propone en el principio de la definición de cuento: oral o escrito. El
autor nos refiere la diferencia entre el cuento tradicional u oral y el
literario o escrito. El primero es también conocido como leyenda, aunque
esta última se halla más bien relacionada con una persona o una comunidad
determinada, con un monumento, un lugar o un acontecimiento cuyo origen
pretende explicar (leyendas etimológicas). La leyenda se caracteriza por el
anonimato del autor y por haberse transmitido de forma oral. Esto ocasiona que
el cuento sufra modificaciones, por lo cual se conocen muchas versiones
diferentes del mismo relato.
El
cuento literario se transmite mediante la escritura y está generalmente escrito
en prosa. El autor
suele ser conocido. Al estar fijado por escrito, el texto no sufre las
modificaciones que son frecuentes en el cuento popular. Este tipo de cuento es
de procedencia oriental (Las mil y una
noches).
Edgar Allan Poe
señala que para que un cuento se pueda considerar un buen cuento es necesario
que sea bastante breve para leerlo en una sola sesión, que conmueva, suscitando
una sensación de “belleza” (entendiendo belleza como un efecto de placer, de
satisfacción y de pureza), que el tono sea de melancolía y que logre un efecto
artístico.
Tras esta primera diferenciación básica, existe otra clasificación de
cuentos, como señala después E.Calderón, según su temática y personajes y según
tipos de relato. Así tendríamos el cuento maravilloso, mítico, heroico,
realista... Y este es, en definitiva el que nos va a interesar para
caracterizar este texto de Manuel Rivas.
El hombre siempre reflejó en sus
expresiones de arte la realidad que lo circunda. El realismo se configura a
finales del siglo XIX. Se origina en la observación de las tradiciones y
costumbres de los pueblos y, por ser una manifestación objetiva de la realidad,
se expresa preferentemente en las formas de la narrativa, como la novela y el
cuento. Sin embargo, el modo o técnica de representación de la realidad ha
evolucionado a través de los tiempos. El realismo literario del siglo XIX
consideraba el arte como espejo de lo cotidiano, partía de la observación
directa del mundo e intentaba reflejarlo objetivamente en su obra. Por ello sus
temas eran la rutina y lo trivial de la existencia del hombre y el recurso
predilecto la descripción. Hay que destacar, sin embargo, que la copia fiel de
la realidad es imposible por la multiplicidad y complejidad de la misma. El
artista debía entonces seleccionar algunos elementos que volcaba en su obra; el
resultado era la descripción de un mundo distinto del originalmente observado.
Para el arte contemporáneo, la única realidad que el artista llega a conocer
con cierta profundidad es su propio yo. De este modo el mundo visto a través de
la subjetividad del escritor se transforma aún en las cosas más convencionales.
El artista no falsifica la realidad pero la proyecta en su obra como un juego
de espejos. El resultado es una visión prismática y deformante de la misma. Es
por ello que el arte actual aparece como irreal, cuando en verdad no sólo
pretende describir la realidad con mayor exactitud, sino también iluminarla y
revelar sus estratos más profundos. En conclusión: hoy la literatura no refleja
solamente la realidad externa y visible, sino también la invisible, infinita,
de dimensión metafísica.
En el cuento realista el autor se
propone dar una idea cabal y verdadera del mundo que lo rodea en todos sus
aspectos: material, moral, económico, político y religioso. Por ello, la
realidad hombre en su esencia y
existencia, y la descripción del medio en el que éste se desarrolla como
individuo o como ser social, es la materia literaria de este tipo de relato. En
el afán de testimoniar la realidad inmediata, las obras resultan a menudo
vastos cuadros sobre la vida, las creencias, el lenguaje y las tradiciones del
hombre contemporáneo. En estos casos, la anécdota se diluye o es solamente un
pretexto para la descripción de caracteres y de costumbres. El desarrollo del
tiempo de la acción es lineal y cronológico. Con el fin de precisar los hechos
narrados y dotarlos de realismo, las fechas son indicadas con exactitud, acentuando
la verosimilitud de la ficción. Como recurso de verosimilitud el narrador
realista reproduce el lenguaje de los personajes: habla local, modismos, formas
coloquiales. Es así mismo importante la mayor inclusión de diálogos como
procedimiento para la caracterización de los personajes y su presentación
objetiva.
Tras semejante reflexión teórica, vemos la obviedad
de que este texto corresponde al género de cuento realista, o lo veremos tras
la exposición que se presenta en este trabajo: es un texto breve que condensa
la acción sin descripciones que nos alejen del tema primordial, con dos
protagonistas claros donde lo que se intenta es dar cuenta del contexto social
en una época de guerra sintetizado en un pueblo gallego a través de la
experiencia de un inocente niño.
LDM
supone, aún siendo un cuento, varios temas.
Sí, es cierto que existe un tema primordial que muestra la intención del autor
al crear este texto, pero a él se subordinan otros temas importantes que lo
completan. Si leemos el cuento enseguida notamos que el asunto principal es de
carácter socio-político. El autor pretende hacernos ver cómo era la vida de las
gentes en época de guerra. Se nos sitúa la acción justo en el momento en que se
produce el golpe de estado de Franco y la falange, que dará comienzo a la
Guerra Civil Española. Hay un par de alusiones directas a este momento: “la
guerra de Marruecos”,
“lo llevaba también aquel día de julio de 1936”,
o a otros momentos de guerra: “como desertores del Barranco del Lobo”,
“me pareció la lanza de Abd el Krim”,
“Luchábamos con palos y piedras en Ponte Sampaio contra las tropas de Napoleón.”
En ciertos momentos se establece en el texto una oposición
republicanos/franquistas. Hay alusiones a Azaña, a la Iglesia, a los soldados.
Y es que todo el cuento se enmarca en la República con el gobierno de Azaña,
del que son partidarios el padre de Moncho y su profesor, entre otros. Sólo al
final es cuando se produce el levantamiento de las tropas de Franco. Y esa
oposición de la que he hablado se anticipa a este momento con la presencia del
padre de uno de los niños que acuden a la escuela con Moncho, partidario
franquista. Se ve muy claro en la adaptación cinematográfica. La situación del
país es precaria: se produce la destrucción y quema de iglesias, asaltos de
templos, incendios sofocados, destrozos, agresiones personales, huelgas
generales, periódicos –todos de derecha- totalmente destruidos, uso de bombas y
artefactos explosivos... El Gobierno del frente popular alegaba estar
desbordado ante la escalada de violencia entre sectores radicales izquierdistas
y derechistas.
Cinco días antes del trágico incidente se produce el asesinato de José del
Castillo Sáez de Tejada y el líder de la oposición, J.Calvo Sotelo,
convirtiéndose este hecho en el detonante de la Guerra Civil. Pero es que
además, en palabras del propio Manuel Rivas:
La Guerra Civil en Galicia fue una historia de
adversidad terrible como pueblo, entre otras cosas, porque se había aprobado el
28 de junio de 1936 el estatuto de autonomía por una mayoría aplastante y que
se convirtió en un día de fiesta […] Fue en esas circunstancias, que en el verano
de 1936, en medio de la fiesta y la alegría, se produjo ese terrible giro:
sensación de pérdida de tiempo para muchas generaciones, de robo de sus vidas.
También cabía la intimidación, el miedo para todo, no poder hablar. Era una
amargura total que además aquí significó emigración, porque hubo mucha pobreza.
Durante todo el cuento se nos muestra la
opinión de un maestro de ideas republicanas, continuamente hay alusiones a la
libertad, incluso representadas en referencias bíblicas como el monte Sinaí:
“con la ilusión de que algún día me saldrían alas”,
“hasta que pudiese salir y echar a volar por la Alameda”,
“huí, eché a correr como un locuelo”,
“esta vez llegaría hasta Coruña y embarcaría de polizón”.
En el cuento todas ellas son referidas al niño, a las ganas de huir por el
miedo de acudir a la escuela. Incluso en la adaptación cinematográfica, don
Gregorio dice en una ocasión hablando con el cura: “la libertad estimula el
espíritu de los hombres fuertes” y casi al final se despide del magisterio con
el siguiente discurso, también evocador de libertad:
En
el otoño de mi vida yo debería ser un escéptico, y en cierto modo lo soy. El
lobo nunca dormirá en la misma cama con el cordero. Pero de algo estoy seguro:
si conseguimos que una generación, una sola generación, crezca libre en España,
ya nadie les podrá arrancar nunca la libertad. Nadie les podrá arrancar ese
tesoro. (Cuerda 1999a: min. 01:09:08-01:10:30)
Es notable la aparición de referencias al
monte Sinaí. Este tiene una más que evidente connotación bíblica, que también
supone la alusión, en cierta manera, a la libertad, desde mi modo de verlo:
“Corría como un loco y a veces sobrepasaba el límite de la Alameda y seguía
lejos, con la mirada puesta en la cima del monte Sinaí, con la ilusión de que
algún día me saldrían alas”,
“Mis piernas decidieron por mí. Caminaron hacia el Sinaí con una determinación
desconocida hasta entonces”,
“Desde la cima del Sinaí no se veía el mar, sino otro monte aún más grande”,
“Y se dirigía hacia el ventanal, con la mirada ausente, perdida en el Sinaí”,
“Recorríamos las orillas del río, las gándaras, el bosque y subíamos al monte
Sinaí.”
La mayoría de ellas, como vemos, aparecen en la primera parte: esa parte en la
que se nos muestra la fragilidad, inocencia y miedos del protagonista. Yo veo
en ese Sinaí un símbolo del horizonte, el cual al mirarlo produce una sensación
de tranquilidad y paz. Simboliza un cambio, un enfrentar ese miedo y superarlo.
Como él mismo dice: “Era como si hubiese cruzado la línea del miedo”.
Sin embargo, la última referencia aparece más adelante, cuando el niño ya ha
pasado esa etapa de miedos. Este último, más bien se entiende como un mundo de
descubrimientos, como el descubrimiento que supuso para los cristianos el que
Dios entregara las tablas de los diez mandamientos a Moisés. Como dice el mismo
Moncho: “Cada uno de esos viajes era para mí como una ruta del descubrimiento.
Volvíamos siempre con un tesoro.”
En lo referido a este tema aparecen evidentes
y directas referencias políticas, a la república y la falange: “Algo extraño
estaba sucediendo. Todo el mundo parecía tener prisa, pero no se movía. Los que
miraban hacia delante, se daban la vuelta. Los que miraban para la derecha,
giraban hacia la izquierda.”,
“Era un guardia con una bandera sujeta en el asiento de atrás [...] Gritó:
¡Arriba España!”,
“En Coruña, los militares han declarado el estado de guerra”,
“Hay que quemar las cosas que te comprometan, Ramón. Los periódicos, los
libros. Todo.”,
“También habían bajado algunos grupos de aldeas, mujeres enlutadas, paisanos
viejos con chaleco y sombrero, niños con aire asustado, precedidos por algunos
hombres con camisa azul y pistola al cinto. Dos filas de soldados abrían un
pasillo...”,
“¡Traidores, criminales, rojos!”,
“¡Asesino, anarquista, comeniños!”.
“Los
maestros no ganan lo que tendrían que ganar”, sentenciaba, con sentida
solemnidad, mi padre. “Ellos son las luces de la República.”
“¡La
República, la República! ¡Ya veremos adónde va a parar la República!”
Mi padre
era republicano. Mi madre, no. Quiero decir que mi madre era de misa diaria y
los republicanos aparecían como enemigos de la Iglesia. Procuraban no discutir
cuando yo estaba delante, pero a veces los sorprendía.
“¿Qué
tienes tú contra Azaña? Eso es cosa del cura, que os anda calentando la
cabeza.”
“Yo voy a
misa a rezar”, decía mi madre.
“Tú sí,
pero el cura no.”
De
esta forma, comprobamos que es más que evidente la importancia que llega a
tener en el texto el contexto sociopolítico que rodea una era de guerra.
La
República, de pensamiento izquierdista, no aprueba la imposición de una
religión, sino que defiende una comunidad aconfesional. El mismo Moncho lo
afirma: “Mi padre era republicano. Mi madre, no. Quiero decir que mi madre era
de misa diaria y los republicanos aparecían como enemigos de la Iglesia.”
Para ser así, se nos rebela también una cierta oposición en este aspecto entre
los padres de Moncho. Hay constantes referencias a la Iglesia o la religión: “aquella
noche dormí como un santo, bien arrimado a mi madre”
(resulta muy curiosa esta alusión: el niño duerme como un santo junto a su
madre, una mujer de misa y de espíritu religioso), “¿rezaste?”,
“una cosa que hablaba de Caín y Abel”,
“no sé por qué dicen que el nuevo maestro es un ateo”,
“alguien que dice que Dios no existe”,
“¿y el demonio, existe el demonio?”,
“el demonio era un ángel, pero se hizo malo”,
“eso es cosa del cura”,
“yo voy a misa a rezar”,
“pero en la Alameda no había el bullicio de las ferias, sino un silencio grave,
de Semana Santa”,
“se persignó mi madre.”
A
través, por un lado, de esas alusiones políticas a la república, y por otro de las
referencias religiosas se hace hincapié en esa oposición de ideas entre la
madre y el padre de Moncho. Nos encontramos, por tanto, con una secuencia escalonada
de oposiciones: madre/padre de Moncho, republicanos/falangistas, Dios/demonio.
Mi escaso conocimiento en estos casos me hace plantear sino podríamos ver aquí
la base de toda literatura simbolista, esa lucha tópica entre el Bien y el Mal
en busca de la salvación. No porque sí, sino por que es más que evidente que en
este cuento de lo que se trata es de crear un estado de conciencia en los
lectores sobre la fatalidad de la guerra, sobre la necesidad de que acaben las confrontaciones
(el Mal) y que la paz (el Bien) llegue por fin al mundo.
Sin
embargo, no todo es fatalidad en este relato. Pues, a pesar de esa diferencia
de ideas podemos ver cómo hay cosas que pueden más: el amor. Un ejemplo claro
son los padres de Moncho. O la ilusión por descubrir cosas nuevas, gente nueva,
o por vivir momentos especiales. Esto se manifiesta claramente en Moncho; su
relación con la escuela, con el maestro y los compañeros de clase. Descubre un
nuevo mundo en la naturaleza. La inocencia del niño, equilibra, más o menos, el
horror que asolará su pueblo más tarde. Crea una imagen de ternura en el
lector, que le hace olvidarse por un momento de la época en la que nos
sumergimos al comenzar la lectura.
Pero
la tragedia es tal que se compara con el dolor producido por la muerte de un
familiar: “En casa parecía que la abuela se hubiese muerto otra vez.”
Además, es un momento trágico, que tiene flashes premonitorios un tiempo antes:
“¡La república, la República! ¡Ya veremos adónde va a parar la República!”,
“era que se avecinaba una tormenta.”
En
este punto empieza a vislumbrarse uno de esos temas secundarios a los que hacía
referencia anteriormente: la evolución que sufre el protagonista, Moncho, que
en términos de teoría literaria denominaríamos “Bildungsroman” o novela de educación. No en su sentido
estricto, eso es cierto, pero sí en el sentido esencial del hombre como errante
en el camino de la vida. Se da una evolución importante en el personaje a pesar
de tratarse de un corto periodo de tiempo. En un principio, Moncho se nos
muestra como un niño frágil (tiene asma, según se ve en la adaptación
cinematográfica), miedoso, inocente. Poco a poco hace frente a sus turbaciones y
logra crear amistades en el colegio con los compañeros, sobre todo con uno de
ellos, Cordeiro, e incluso con el maestro. Supera sus miedos y se integra
perfectamente en ese contexto. En la película se evidencia más claramente esta
evolución al introducir otros episodios en la vida del niño: la historia de
Carmiña y la de su hermano en la orquesta. El niño aprende cosas en clase de
historia, de geografía, de la naturaleza, pero también aprende fuera de la
escuela. Comprende que la gente no tiene relaciones sexuales sólo cuando se
quiere, que su padre tiene unas ideas contrarias a las de su madre y que
discuten cuando no está él...
En
esta línea podríamos pensar también en si no hay aquí algo de ritos de paso,
donde el niño es el iniciando y el maestro don Gregorio es su iniciador. Yo
creo firmemente que sí. Creo que esta evolución de niño a adolescente suele
requerir en la mayor parte de las obras la interpretación del Bildungsroman y del rito de paso. Ambas,
pienso, deben ir unidas. La vida misma se explica a través de estas teorías,
pues es un constante aprendizaje. En cualquier persona o situación puedes
encontrar un iniciador que te enseñe algo y te cambie la vida o la forma de
pensar o de ver las cosas. Creo firmemente que la vida guarda para nosotros
abundantes y diversas muertes simbólicas. De este modo, Moncho experimenta esa
muerte simbólica, a través del monte Sinaí, cuando pierde el miedo y se
integra, incluso de una forma más íntima o personal, en la escuela.
En
este punto he de retomar el momento en que decía que LDM es un cuento realista con leves pinceladas de novela psicológica.
Creo que esa “psicología”, esa introspección intimista se halla en relación con
el Bildungsroman y el rito de paso.
Quizás el niño que narra la historia en el momento que la vive no sea
consciente del cambio psicológico que sufre, pero de mayor ya cuando cuenta y
recuerda esa historia es más que consciente.
Del
mismo modo que se produce una evolución en la Inocencia del pasaje, también consta similar transformación en la
relación alumno-profesor. Al comienzo Moncho padece una humillación frente a
toda la clase y el miedo le inunda el cuerpo. Lo notamos tanto física (se mea)
como psicológicamente (sale de la clase, huye y corre lejos) El niño ya llevaba
el miedo en el cuerpo, temía que el maestro pegara; y además su padre le había
advertido: “¡Ya verás cuando vayas a la escuela!”.
El mismo Moncho asegura que “cuando era pequeñajo, la escuela era una amenaza
terrible”.
Tras dormir esa primera noche con su madre, “con el corazón sereno” acudió al
día siguiente a la escuela y se fijó por primera vez en el maestro. En esta
ocasión tuvo una experiencia positiva en el aula y a partir de entonces fue
cogiendo amistad con el maestro, hasta el punto de hacer excursiones al campo y
de cogerle un cariño especial: “Yo quería mucho a aquel maestro.”
Tras dulces momentos de aprendizaje, la relación se verá truncada por el
episodio final en el que detienen a don Gregorio por “¡rojo, traidor!”, y el
niño, que se ve acorralado entre el instinto de conservación y lo que el
maestro le inculcó se deja llevar por la masa y corre tras el camión piedra en
mano.
Tenemos,
pues, una trama principal, desarrollada a partir de una gradación que pretende
hacernos ver la tragedia que significa una guerra en la vida de una persona, de
un pueblo, de un país. Porque en el cuento se ve esta gradación, de lo más
concreto a lo más general: la relación de alumno y maestro truncada por la
diferencia de ideas políticas que desembocan en la guerra; la peculiar historia
de claroscuros (aprobación del estatuto de autonomía y detenciones por los soldados
de la falange) en Galicia por aquel
entonces, y en definitiva, el malestar y tragedia que asola todo el país. El
mismo Manuel Rivas dirá en una entrevista que “La Guerra Civil y la dictadura
es un escenario terrible llevado a los extremos, que es una especie de metáfora
para hablar de todas las guerras, de los mecanismos de producción de odio, de
suspensión de las conciencias. Y estos son problemas contemporáneos y
habituales”. A esta trama prioritaria se doblegan otras de carácter más apegado
a lo personal que son la relación de alumno-maestro, la evolución del
personaje, a través del Bildungsroman
y los ritos de paso, y la escala de oposiciones que nos lleva a hablar de la
literatura simbolista.
LDM,
como cuento, realista o no, tiene la estructura
tradicional de todo cuento: introducción, nudo y desenlace. Una introducción
que nos rebela a un niño enfermo, tierno, inocente, perdido, miedoso, como un
gorrión. Simplemente se nos presenta el miedo del protagonista a ir a la
escuela. A continuación entra en materia y desarrolla cómo evoluciona el
personaje frente a la situación que le rodea y se introduce la multiplicidad
temática de la que ya se ha hablado. Finalmente se produce un final trágico,
inesperado, que trunca la amistad entablada entre el maestro y “su mejor
discípulo”. Sin embargo, no podemos hablar de una estructura lineal, pues hay
saltos en el tiempo. Algo normal, por otra parte, al tratarse de una persona ya
mayor que recuerda un momento concreto de su infancia, pues el recuerdo normalmente
implica saltos temporales: se van contando las cosas según uno se va acordando.
En
este sentido, el cuento tiene un carácter tradicional. Aunque veo un cierto atisbo
de mirada al cine por parte del autor en la creación del texto como una
secuencia de escenas, que recuerda un poco al estilo estructural del teatro. Hay
escenas en el colegio y de repente, sin apenas darnos cuenta, Moncho está
hablando con su madre en casa.
La
perspectiva es enfocada desde la voz en
primera persona de alguien, protagonista de la historia narrada, que recuerda
ciertos momentos de su infancia. Hay una vuelta al pasado, en la que el
protagonista mantiene aún algo de la inocencia de su niñez. Tan significativa
es su imagen de niño inocente, miedoso, tierno que hasta en la escuela se le
conocía como pardal. Se trata de un narrador-agente. Moncho narra su historia,
de la que es protagonista, años más tarde.
Encontramos
tres casos explícitos de metaficción:
el lector está leyendo LDM y dentro
de esta lectura nos encontramos con que en clase un alumno, Romualdo, lee un
poema de Antonio Machado, o de que don Gregorio recomienda a Moncho la lectura
de La Isla del tesoro, de Stevenson.
Es
significativa la alusión a Antonio Machado, tratado además por Romualdo como
“don”. Y es significativa porque una de las facetas indispensables en la vida de
Machado fue la docencia y el hecho de ser un convencido republicano, y junto a
otros intelectuales unió sus preocupaciones estéticas a una reflexión auténtica
sobre el ser humano. Descubrimos así, el por qué de la elección de este poeta
como modelo de lectura en una clase de don Gregorio: hay una identificación
entre éste y Machado en esas dos facetas. Además da la casualidad de que el
título del poema machadiano que leen en clase lleva por título Recuerdo infantil, justo lo mismo que
está haciendo el narrador de este relato: recordar su infancia y escribirlo en
forma de cuento. Hay varios niveles en el cuento: el del lector, que se halla
fuera de la acción, el del narrador que recuerda su historia de infancia y el
de dentro de la historia en el que se lee un poema de Machado sobre un recuerdo
infantil. Es lo que se conoce como estructura especulativa que funciona hacia
dentro y produce una idea de infinitud.
Las
similitudes de maestro y poeta son evidentes: esa cita directa a Machado con la
lectura de su poema Recuerdo infantil, el episodio del traje del maestro puede
estar inspirado en el famoso "torpe aliño indumentario" del poeta. En
la película se añade un guiño más a este paralelismo, con la escena añadida del
momento en que Moncho va a casa del maestro a llevarle el traje y ve un retrato
de mujer, que el maestro señala como su joven mujer muerta prematuramente, así
como murió Leonor, la mujer de Machado.
Consigue
Manuel Rivas hacer un mayor hincapié en lo que es la trama principal del cuento
a través de este poeta. Además diré que cuando leí el cuento y distinguí esos
niveles y vi cómo los alumnos leían en clase a Machado con sus colegiales en clase en una tarde parda y fría, no pude
evitar acordarme de ese gran genio imaginativo Freud y su doble:
Una
tarde parda y fría
de
invierno. Los colegiales
estudian.
Monotonía
de
lluvia tras los cristales.
Es
la clase. En un cartel
se
representa a Caín
fugitivo
y muerto Abel,
junto
a una mancha carmín...
Y
esa idea del doble la encuentro también en la crisis de identidad que sufre el
pequeño Moncho cuando pasa el mal trago su primer día en la escuela, cuando
lleno de miedo resulta humillado por toda la clase y asegura: “no me acordaba
de nada. Ni de mi nombre. Todo lo que yo había sido hasta entonces había
desaparecido de mi cabeza”. Además hay una muerte, que aunque simbólica, ya
comentada en la referencia a los ritos de paso, sigue las “pautas” de la idea
que tiene Freud en la cabeza cuando habla del doble: lo siniestro.
Respecto
a La isla del tesoro, diré que
también tiene su cabida significativa en este proceso de metaliteratura. Y es
que hay que recordar que éste es un libro que el maestro ofrece a Moncho como
lectura de entretenimiento, y que también el maestro dice, como se puede
comprobar en el film, en su despedida de la docencia: “Si conseguimos que una
generación, una sola generación, crezca libre en España, ya nadie les podrá
arrancar nunca la libertad. Nadie les podrá arrancar ese tesoro.”
Haciendo
mención de estas autoridades de la literatura, Manuel Rivas consigue enfatizar
ese ideal republicano de la libertad, y en definitiva, dar mayor unidad a la
trama principal del cuento.
Como
vemos la educación es un factor muy
presente en el cuento. Es tal la huella que le dejan las clases a Moncho, tal
es el disfrute que siente al descubrir los nuevos mundos del conocimiento que
hasta cuando se lo cuenta a su madre, lo hace de una forma muy peculiar, haciéndose
él mismo partícipe de la Historia:
Todo
conectaba, todo tenía sentido. La hierba, la lana, la oveja, mi frío. Cuando el
maestro se dirigía hacia el mapamundi22, nos quedábamos atentos como
si se iluminase la pantalla del Cine Rex. Sentíamos el miedo de los indios
cuando escucharon por vez primera el relinchar de los caballos y el estampido
del arcabuz. Íbamos a lomos de los elefantes de Aníbal de Cartago por las
nieves de los Alpes, camino de Roma. Luchábamos con palos y piedras en Ponte
Sampaio contra las tropas de Napoleón. Pero no todo eran guerras. Fabricábamos
hoces y rejas de arado en las herrerías del Incio. Escribíamos cancioneros de
amor en la Provenza y en el mar de Vigo. Construíamos el Pórtico de la Gloria.
Plantábamos las patatas que habían venido de América. Y a América emigramos cuando
llegó la peste de la patata.
Y
tal era su interés que se convirtió en el administrador de bichos.
En
el tema de la educación va implícita también una intención política. Aunque ni
Rivas ni Azcona lo mencionan expresamente, en la pedagogía del maestro se
reflejan con claridad los presupuestos de la Institución Libre de Enseñanza, otro rasgo coincidente con la figura de
Antonio Machado. La Institución, inspirada en la filosofía krausista, se
originó en un proyecto de regeneración moral basado en el ideal de crear un
"hombre nuevo", más racional, más ético y más humano que pudiese
hacer frente y superar con ideas y acciones renovadoras la degradada situación
del país de aquella época.
Los
rasgos de esa Institución Libre de Enseñanza conforman una pedagogía
revolucionaria en la época, que da primacía a la educación sobre la enseñanza y
consigue crear una escuela activa, caldo de cultivo para futuros ciudadanos
progresistas. El trabajo de la Institución y sus hombres empieza precisamente a
dar sus mayores frutos en la época de la República, cuando el gobierno apoya
abiertamente las ideas de la ILE, y se crean organismos (como famosa Residencia
de Estudiantes) y se organizan actividades (entre ellas, las Misiones
Pedagógicas) para la difusión de sus ideas renovadoras. Tanto Rivas como Cuerda
y Azcona consiguen reflejar la praxis de estas ideas educativas en el minúsculo
ambiente de una pequeña aldea gallega.
La relación maestro-alumno germina en la
escuela “Rosalía de Castro”, una escuela fundada en 1961 en Vigo, cuatro años
después de que naciera nuestro escritor galleguiño. Hay que decir, aunque de
antemano, que la acción del cuento se sitúa en un pueblo de la Coruña. En el
cuento no se explícita el nombre del colegio; sin embargo, en la adaptación
cinematográfica se ve la escuela
“Rosalía de Castro” en alguna escena. Quizá esto sea creación del guionista
Azcona que se inventa, por su buen feeling
en la historia y con el propio escritor del cuento y por la buena fama que ha
adquirido dicha escuela con el tiempo, el nombre de la escuela de Vigo como coruñesa.
Sin embargo, es menester frotarse los ojos y tener claro que no vemos
alucinaciones, que no estamos ante un elemento autobiográfico, pues Manuel
Rivas estudió en la escuela coruñesa de Elviña. Quizá, simplemente lo que hizo
Azcona fue cambiar el nombre de esa escuela porque le venía mejor el nombre de
“la voz de un pueblo”, o quizá existiera o existe en La Coruña alguna otra escuela
con ese nombre.
Respecto
a la educación considero también significativo el trato que existe entre los
alumnos y el maestro. Se tratan con fórmulas de cortesía, con el mayor de los
respetos: “A ver, usted, ¡póngase de pie!”,
“¿Cuál es su nombre?”
Esto crea un efecto más realista, constituye un reflejo perfecto de la sociedad
de la época. Ese tono realista se acentúa más cuando el niño nos rebela la
costumbre que existía en la época de que los profesores pegaran a los alumnos:
“Cuando era pequeñazo, la escuela era una amenaza terrible”,
“¡muchos palos llevamos por culpa de Juadalagara!”
Creo
que recurriendo a la propia declaración del autor, no podemos dejar de lado, el
esencial significado de la naturaleza
en la obra. Esta supone el medio transmisor de enseñanza, el medio a través del
cual se produce esa unión tan profunda entre alumno y maestro, admite, incluso,
hasta la identidad de estos dos protagonistas. Y esa evocación en la que tal
naturaleza pareciera cobrar vida en la pluma de nuestro escritor gallego decía
Manuel Rivas tener que ver con una tradición gallega en la que siempre se han
explicado las cosas a través de los animales, que siempre han sido metáforas
para los seres humanos y un conducto para todas las culturas. “Los animales son
una conexión extraordinaria con la realidad, porque puedes estar metido en una
dimensión de indiferencia frente a la existencia, pero la aparición de un
pequeño animal te puede conectar de nuevo con la realidad.”, decía M.Rivas.
Esto explicaría muy bien la aparición de constantes comparaciones con la
naturaleza en el texto: “El miedo, como un ratón, me roía las entrañas”,
“aquel maestro feo como un bicho”,
“podía sentir su aliento en el cuello, y el de todos los niños, como la jauría
de perros a la caza de un zorro”,
“mientras que en el valle se movían como luciérnagas los que con candil andaban
en mi busca”,
“parecéis carneros”...
Incluso
de forma mucho más transparente se desborda esta cuestión en el mismo título:
la lengua de las mariposas. Increíble es el esfuerzo que han realizado mis
neuronas para tratar de comprender el significado implícito que mi mente se ha
empeñado en atribuir a este título. Estoy completamente segura de que detrás de
ese título se encuentra la esencia de todo el cuento, no sólo se trata de una
imagen que recuerda una clase de Moncho con el maestro don Gregorio: “La lengua
de la mariposa es una trompa enroscada como un muelle de reloj. Si hay una flor
que la atrae, la desenrolla y la mete en el cáliz para chupar”
Como primera observación diré que la mariposa parece aparecer en ciertos
momentos del cuento, quizá en momentos clave:
ü en
la primera frase del relato: “¿Qué hay, Pardal? Espero que por fin este año
podamos ver la lengua de las mariposas”
ü “Una mariposa nocturna revoloteaba por el
techo alrededor de la bombilla que colgaba del cable trenzado”
ü “y
cada vez una mariposa distinta, aunque yo sólo recuerdo el nombre de una a la
que el maestro llamó Iris, y que brilla hermosísima posada en el barro o el
estiércol” (otra oposición)
ü “Un
día que don Gregorio vino a recogerme para ir a buscar mariposas, mi padre le
dijo que, si no tenía inconveniente, le gustaría tomarle las medidas para un
traje”
ü Casi
al final se repite la frase del principio.
ü En
el grito final: “¡Sapo! ¡Tilonorrinco! ¡Iris!”
Los momentos 2,3 y 4 son momentos vinculados
con las oposiciones Dios/demonio, republicanos/falangistas. En el tercer
momento hay que interpretar esa oposición en la mariposa (maestro y por ende
republicanos) frente al barro o estiércol (franquistas) Identifico así maestro
con mariposa porque me da la sensación de que ambos son descubridores de
conocimiento y sensaciones para el pequeño Moncho, y ambos evocan la libertad.
El cuarto momento, más que un enfrentamiento supone en el mismo momento un
acercamiento entre dos personas de unas mismas ideas. Sin embargo, el traje es
un símbolo que le llevará al maestro a la desgracia: por culpa de esa oposición
republicanos/ falangistas será humillado y detenido.
Considero que quizá la estructura que crean
estos momentos se asemeje a la espiral que dibujan las lenguas de las
mariposas, pues todo, o más bien el argumento central del cuento, gira en torno
a la aparición de las mariposas. Además esto nos rebela también esa evocación a
la libertad, que podemos ver ahora manifestada en las alas de las mariposas.
En todo texto literario principio y final son momentos clave. En este caso está más que
claro, porque como hemos visto se incluyen en esa secuencia de momentos en los
que la mariposa tiene un papel primordial. El final supone una evolución desde
el principio a partir de ese tema central que es la más que mencionada
oposición ideológica de dos grupos, simbolizada en la mariposa y que va a
desembocar en una guerra. Pero esa frase final habla por sí sola y nos está
diciendo algo más; y es que a pesar de quebrarse esa amistad que Moncho ha
establecido con su profesor, lo que queda es lo que el niño ha aprendido con
él, lo que queda es el conocimiento adquirido.
Creo que el principio sigue la regla básica de
todo cuento, que es atraer la atención del lector. Por ello, se nos embarca en
la historia a través de una pregunta y un comentario dirigidos de forma directa
y personal a alguien. Además ya desde un principio ese comentario nos deja en
suspense: “¿qué ha querido decir con “espero que por fin este año podamos ver
la lengua de las mariposas”?”, y es que además ese halo de intriga se
incrementa por su relación directa con el título. Desde un principio al lector
le urge saber a qué viene eso de la lengua de las mariposas, qué se esconde
detrás de ella. Además parece tratarse de un principio in medias res: antes de presentarse el protagonista, introduce esa
relación personal que adquirió con su maestro. Y es significativo que comience
a narrarse la historia desde aquí porque así se nos demuestra que fue tal la
huella que le dejaron al narrador las clases y conocimientos de su maestro que
los coloca en un primer plano.
Y en estos términos, considero que es el
momento de referirnos al espacio y al
tiempo. En cuanto al espacio, hemos dejado claro que la acción transcurre
en un pueblo, no concretado en el cuento, de la Coruña, del cual se nos nombran
algunos espacios: la Alameda, la escuela, la casa de Moncho, el palco de la
música, un valle, el ayuntamiento, un tal monte Sinaí... Pero también aparecen
nombrados otros lugares a los que únicamente se hace mención pero en los que no
suceden los hechos que nos cuenta el narrador, como Marruecos, Barranco del
Lobo, América, Madrid, y otros a los que se alude en las clases de historia. Es
un espacio sintetizador, que el autor localiza en Galicia porque es lo que él
conoce y mejor puede hacernos llegar, una metáfora de la España de la época.
Respecto al tiempo, nos hallamos ante un
tiempo de retrospección. El narrador tiempo después de los hechos, en otra
etapa de su vida nos cuenta el recuerdo de su infancia en una España de
avatares y tragedia. Tenemos, por tanto, un tiempo de lo narrado, que situamos
en 1936, y un tiempo de la narración, que se evidencia en oraciones como “Lo
recuerdo muy bien. Han pasado tantos años y aún siento una humedad...”,
“Ahora recuerdo con una mezcla de asombro y melancolía lo que logré hacer aquel
día”,
“Creo que nunca he corrido tanto como aquel verano anterior a mi ingreso en la
escuela”,
“Cuando era un pequeñazo...”.
El tiempo de lo narrado no sabemos cuando da sus primeros pasos, pero sabemos
que finaliza el trayecto el 17 de julio de 1936, cuando detienen a los
republicanos del pueblo. Por tanto, hemos de suponer que podría comenzar su
andadura con el comienzo del curso académico.
Al principio, por ese comienzo in medias res, parece haber un desorden
temporal que nos trastoca. Pero luego el orden se reestablece. Inicia el cuento
con un momento en el que el curso académico ya había comenzado y en el que
Moncho ya había hecho buenas migas con don Gregorio. Después se nos presenta el
personaje “yo iba para seis años y todos me llamaban Pardal”
como un niño que tiene miedo de ir a la escuela. A partir de aquí el cuento
continúa un orden cronológico coherente. Ese principio simplemente significa
que a modo de una oración en la que se pone en primer lugar el elemento que se
quiere resaltar, en este cuento se prioriza la aparición de la escena que se
quiere resaltar y que trata de introducir un motivo de intriga.
Hemos visto que el colegio donde transcurre la
acción no parece ser un elemento
autobiográfico; sin embargo, si se dan ciertos datos de ese estilo en el
texto. Por ejemplo que Manuel Rivas naciera en un barrio coruñés, que su madre
se llamara Carmiña – como la protagonista de otro de los cuentos del escritor
que se incluye en el film - que su padre, Manuel, durante un tiempo emigrado en
América, fuera músico en orquestas de baile – como el hermano de Moncho, y hay
que recordar el deseo de Moncho de irse a América - o que su abuela paterna
fuera costurera – papel que ejerce el padre de Moncho en LDM.
Comparando
con la versión fílmica diré que se han mantenido la
mayoría de los personajes de los tres relatos, siendo los principales los de LDM,
aunque se ha
aumentado el papel de muchos de ellos y han aparecido otros nuevos para
entretejer un mundo de relaciones personales, sociales y políticas más
complejo.
El relato
cinematográfico tiene como protagonista a Moncho, llamado en la película Gorrión
(la traducción al español del gallego pardal). Prácticamente no sufre
cambios en su paso del relato al cine, excepto por su relación con un personaje
nuevo, Aurora, una niña de la que se enamora con amor infantil, contrapunto de
los amores adolescentes de Andrés y la china y adultos de Olis y Carmiña y el
perro Tarzán, de los que también el niño ahora es testigo. El esquema familiar
se completa con el padre, Ramón, y su madre, tal y como aparecen en LDM. Se añade un hermano,
Andrés, de Un saxo en la niebla. Carmiña se convierte también en hija
ilegítima de Ramón. Las relaciones familiares resultan así más complejas en la
película, porque se incluye la perspectiva de las relaciones fuera del
matrimonio.
La figura
del maestro es fiel al cuento de donde procede, aunque en la película lo vemos
relacionarse con más personajes, los que representan las fuerzas vivas del
pueblo (ejército, iglesia, oligarquía) y con sus correligionarios y paisanos.
Junto a su faceta de educador, su vida social y sobre todo su compromiso
político aparece con nueva fuerza en el filme.
En cuanto
a los amigos de Moncho, hay también algunas variaciones. El Dombodán de LDM es
sustituido por un nuevo personaje, Roque, que será en la película el hijo del
tabernero sin nombre de Carmiña,
también llamado Roque. El tabernero sustituye a Hércules, padre de Dombodán
(ambos tienen el mismo fin). Otra variedad sustancial es convertir a su enemigo
en la escuela de LDM, Eladio, en José María, el hijo de Avelino, un
agricultor rico que representa el poder caciquil y que aparece en la película
para subrayar el poder opresivo de la oligarquía y las diferencias de clase.
Otras autoridades como el cura, la guardia civil o el alcalde republicano de LDM
adquieren voz en la película, mientras que en el relato sólo eran mencionados.
Con
respecto a otros personajes secundarios, la china de Un saxo en la niebla,
que en la película se relaciona con un personaje la Enciclopedia Álvarez, se
mantiene bajo los mismos esquemas en la película, lo que produce un anacronismo:
era imposible que los escolares en la República estudiaran con ese libro tan
representativo de la educación franquista, puesto que la primera edición de
dicha enciclopedia data de 1950. Este anacronismo se explica porque Un saxo
en la niebla está ambientado en 1948, y la película en 1936. El guionista
ha preferido mantener este error a prescindir del ambiente poético que el
episodio proporciona. Por ello, vemos a Moncho y a su hermano en varias
ocasiones con ese libro en las manos, contradiciendo la verosimilitud.
La Orquesta Azul de la película procede de Un saxo
en la niebla (la orquesta de LDM se llamaba Sol y Vida), así como el
profesor de música, don Luis Braxe y Boal, que de delegado de fiestas pasa a
ser alcalde. Para el vocalista de la Orquesta Azul se reserva el mismo final
que para el maestro, tal y como aparecía en LDM porque los músicos
representan la seducción, un tipo de vida poco convencional, bohemia,
artística, más auténtica, que no cabe en los moldes de la futura dictadura.
CONCLUSIÓN
Todo lo visto hasta ahora, cada rasgo, por
pequeño e insignificante que pueda parecer, da unidad al relato. Pero lo que
pone la guinda es el estilo, depurado y antirretórico con un lenguaje sencillo,
coloquial que moldea la obra con manos de realismo. Es tal la unidad entre
todos estos componentes, que la ficción literaria se convierte en la más pura
realidad ante nuestros ojos: el conocimiento profundo de la naturaleza, el
lenguaje, el trato entre los personajes tan típico de la época, el ambiente...
Estamos en tierra gallega y Rivas, para darle más realismo, introduce ciertos
elementos característicos de esta tierra. Por ejemplo la jeada o la concha de
vieira.
Digo lenguaje sencillo, porque usa un
vocabulario simple dirigido a todos los públicos, pues lo que interesa es
descubrir al lector la realidad del momento de una España en crisis. Que el
lector conozca cómo era la vida de las gentes ante tal situación. Se trata de
una llamada de atención: la cosa es más grave de lo que parece pues las guerras,
por pasadas que estén, dejan huella y son el pan de cada día. En ese sentido,
Manuel Rivas pone en marcha su obra a partir de un tema moderno como es la
trágica vivencia de los hombres en época de guerra sumado a temas tradicionales
que lo complementan. Es un autor comprometido con la sociedad en que vive.
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